Uso de amoxicilina con ácido clavulánico en el paciente pediátrico
Actualización en el diagnóstico y manejo de lesiones potencialmente malignas de la mucosa oral
AUTOR: Abigail I. Osorio Ávila
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Resumen
La Odontología moderna ha adoptado un enfoque preventivo y de diagnóstico temprano, fundamental para identificar desórdenes orales potencialmente malignos (DOPM), como leucoplasia, eritroplasia y queilitis actínica, los cuales pueden evolucionar hacia cáncer oral. Estas lesiones requieren un examen clínico detallado y, cuando es necesario, una evaluación histopatológica para determinar su riesgo de transformación maligna. Aunque la cavidad oral es accesible visualmente, muchos casos de cáncer se diagnostican en etapas avanzadas, lo que resalta la importancia del tamizaje oportuno y la educación al paciente. Factores como el tabaco, el alcohol, la edad avanzada, la presencia de displasia y ciertas características clínicas aumentan el riesgo de malignización. El profesional debe realizar un examen completo, incluyendo inspección y palpación, y considerar factores anatómicos, histológicos y funcionales para un diagnóstico y manejo adecuados.
Palabras clave: infecciones orales, antibioticoterapia, prevención de infecciones
• Abstract
Modern dentistry has embraced a preventive and early diagnostic approach, which is crucial for identifying potentially malignant oral disorders (PMODs) such as leukoplakia, erythroplakia, and actinic cheilitis, as these conditions can progress to oral cancer. A thorough clinical examination is necessary, and when appropriate, a histopathological evaluation should be performed to assess the risk of malignant transformation. Although the oral cavity is easily accessible for visual examination, many cases of oral cancer are diagnosed at advanced stages. This situation highlights the importance of timely screening and effective patient education. Factors that increase the risk of malignant transformation include tobacco use, alcohol consumption, advanced age, the presence of dysplasia, and specific clinical features. Practitioners must conduct a comprehensive examination that includes both inspection and palpation. They should also consider anatomical, histological, and functional factors to ensure accurate diagnosis and management.
Keywords: oral infections, antibiotic therapy, infection prevention
• Introducción
La Odontología ha evolucionado significativamente a lo largo del tiempo, dejando atrás el enfoque puramente sintomático para adoptar un modelo preventivo y de diagnóstico temprano. En la actualidad, se reconoce que diversos desórdenes orales pueden desarrollarse de manera silenciosa, sin sintomatología aparente, lo que obliga al profesional a realizar un examen intraoral minucioso, evaluando tanto tejidos blandos como duros, y estar preparado para identificar y manejar lesiones sospechosas. Entre estas afecciones se encuentran los desórdenes orales potencialmente malignos (DOPM), un término adoptado por la Organización Mundial de la Salud en 2005 para referirse a aquellas alteraciones de la mucosa oral que, aunque benignas en apariencia, pueden transformarse en lesiones malignas como el carcinoma oral de células escamosas (COCE).1
La leucoplasia, eritroplasia, eritroleucoplasia, fibrosis oral submucosa, liquen plano y queilitis actínica son algunos de los DOPM más frecuentes, siendo la leucoplasia y la eritroplasia las más comúnmente observadas. Estas lesiones representan los primeros cambios visibles que pueden indicar un riesgo aumentado de malignización, especialmente cuando presentan displasia en el análisis histológico. Su detección precoz no solo mejora el pronóstico y las tasas de supervivencia, sino que también impacta de forma positiva en la calidad de vida del paciente. No obstante, casi la mitad de los cánceres orales se diagnostican en estadios avanzados (III y IV), lo que subraya la necesidad de reforzar las estrategias de tamizaje estructurado y derivación oportuna.2,3
• Lesiones potencialmente malignas
Las lesiones potencialmente malignas (LPM) de la cavidad oral representan un grupo de alteraciones que preceden al desarrollo de cánceres invasivos y, por lo tanto, tienen un mayor riesgo de transformación maligna. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas lesiones comprenden tanto tejidos morfológicamente alterados donde el cáncer bucal es más probable que en tejidos normales (lesiones precancerosas), como condiciones generales del organismo que aumentan en forma significativa el riesgo de desarrollar cáncer (condiciones precancerosas). Esta clasificación refleja que, aunque no todas las lesiones evolucionan necesariamente hacia una neoplasia, existe una susceptibilidad evidente en zonas específicas de la mucosa oral.
El potencial de transformación maligna (PTM) de estas afecciones está estrechamente relacionado con la presencia y el grado de displasia epitelial, razón por la cual el estudio histopatológico mediante biopsia es esencial para establecer el diagnóstico y estimar el riesgo de progresión. Las alteraciones del color en la mucosa oral, en especial las lesiones blanquecinas, son indicativas de posibles estados premalignos. La leucoplasia es la LPM más común, definida como una placa blanca que no puede ser caracterizada clínica ni histopatológicamente como ninguna otra enfermedad y que, en la mayoría de los casos, no está asociada con una causa etiológica específica, salvo el consumo de tabaco. Otras lesiones importantes incluyen la eritroplasia —menos frecuente pero con mayor riesgo de malignización—, el liquen plano bucal, que se considera un trastorno inflamatorio e inmunitario, y la queilitis actínica, lesión crónica del labio inferior causada por la exposición prolongada a radiación ultravioleta. Estas alteraciones pueden evolucionar hacia carcinoma in situ, carcinoma epidermoide infiltrante o carcinoma verrugoso. El diagnóstico temprano es fundamental y comienza con un examen clínico detallado, seguido de un análisis histológico para determinar la presencia y el grado de displasia. Además, las estrategias de tamizaje o screening permiten detectar lesiones en estados latentes o asintomáticos, interrumpiendo su progresión o facilitando un tratamiento oportuno.4
• Diagnóstico y detección temprana
El examen clínico de la mucosa bucal (MB) permite la identificación de diversos cambios, tanto patológicos como no patológicos. Las variantes anatómicas de la normalidad o entidades no patológicas corresponden a adaptaciones fisiológicas que experimenta la mucosa bucal durante la vida del individuo. Estas son modificaciones frecuentes e inofensivas que no representan necesariamente una patología. Por otro lado, las lesiones bucales o entidades patológicas surgen como resultado de traumatismos, infecciones (bacterianas, virales o micóticas), enfermedades sistémicas, condiciones nutricionales, autoinmunes o neoplásicas.5

Ubicación frecuente de cáncer oral.
Para una exploración eficaz de la cavidad oral, esta debe dividirse en regiones anatómicas, lo que permite una evaluación sistemática y evita omisiones. El examen debe realizarse bajo condiciones adecuadas de iluminación, con el uso de espejo plano, abatelenguas, gasas, guantes y mascarilla, siguiendo las medidas universales de control de infecciones. La exploración debe comenzar por las estructuras bucales externas y luego continuar con la cavidad oral propiamente dicha.5
A pesar de que la cavidad oral permite un acceso visual directo, tanto por parte del profesional como del propio paciente, la mayoría de los cánceres orales se diagnostican en estadios avanzados, por lo que la detección precoz por parte del clínico y el conocimiento del autoexamen oral por parte del paciente se convierten en herramientas fundamentales.
Un examen bucal completo para la detección temprana de cáncer debe incluir no solo la observación, sino también la palpación de la región cervical y de la lengua, incluyendo la tracción de esta para inspeccionar todas sus caras. Lesiones con cambios en coloración, textura o brillo, como manchas blancas (leucoplasia), rojizas (eritroplasia), áreas ulceradas de más de 14 días de evolución, masas detectables a la palpación, alteraciones en la motilidad lingual o pérdida dental con cicatrización tardía deben ser criterios de deriva- ción o de toma de biopsia.5,6
En casos de duda diagnóstica, especialmente en lesiones extensas o multifocales, se pueden emplear ayudas diagnósticas como el azul de toluidina al 1%, un colorante con afinidad por ácidos nucleicos presentes en tejidos displásicos o neoplásicos. La tinción positiva se manifiesta cuando, tras aplicar el azul y lavar con ácido acético, la lesión mantiene un color azul intenso. Aunque esta técnica muestra una alta sensibilidad y especificidad (superior al 97%), no reemplaza en ningún caso a la biopsia, que sigue siendo el estándar para el diagnóstico definitivo, para validar la sospecha, descartar otras etiologías y orientar el tratamiento.6
Finalmente, junto con la confirmación histológica, se requiere una evaluación imagenológica completa para determinar el compromiso local, cervical y metastásico. Estudios como la tomografía computarizada (TC) con contraste, la resonancia magnética (RM) para evaluar el canal mandibular y estructuras profundas, y la tomografía por emisión de positrones (TEP-TC), permiten detectar segundos tumores primarios o metástasis no evidentes en clínica.
En resumen, la detección temprana de lesiones potencialmente malignas requiere una evaluación clínica meticulosa, el uso de herramientas diagnósticas complementarias, la confirmación histológica y un enfoque integral que incluya educación al paciente y una actitud proactiva por parte del profesional de la salud oral.6
• Alteraciones potencialmente malignas más comunes (APM)
Leucoplasia
El término leucoplasia se utiliza como una descripción clínica para referirse a lesiones blancas con un riesgo incierto de malignidad, siempre que se hayan excluido previamente otras enfermedades o alteraciones conocidas que también se manifiestan como lesiones blancas y que no implican un mayor riesgo de cáncer. La prevalencia reportada de leucoplasia varía entre el 2.6 y el 14.6%. El riesgo de transformación a carcinoma bucal (CB) es individual y depende de diversos factores, como el tabaquismo, el alcoholismo, el estilo de vida, la inmunosupresión e incluso algunas infecciones virales.
Ante la presencia clínica de una lesión blanca (fig. 1), se debe establecer un diagnóstico provisional mediante la exclusión de otras entidades blancas no patológicas y patológicas, como el leucoedema, el mordisqueo crónico del carrillo, la queratosis friccional, la candidiasis seudomembranosa y la leucoplasia vellosa. El diagnóstico definitivo se basa en una ruta diagnóstica estructurada. Si la lesión persiste más de 3 semanas luego de eliminar los posibles factores traumáticos o infecciosos, es obligatorio remitir al paciente a una consulta especializada de segundo nivel o de patología bucal para su evaluación definitiva.

La leucoplasia puede clasificarse en homogénea y no homogénea. La forma homogénea se presenta como una placa blanca plana y uniforme, con superficie lisa o ligeramente rugosa.
Eritroplasia
La eritroplasia es otra APM con alto potencial de transformación maligna. Se manifiesta como una mácula roja, a menudo con superficie granular, que no puede ser atribuida clínica ni patológicamente a otras lesiones rojas específicas ni a causas traumáticas, vasculares o inflamatorias. En sus etapas iniciales, suele ser asintomática y puede aparecer en cualquier área de la mucosa bucal, aunque es más común en el paladar blando, el piso de la boca, la lengua (fig. 2) y la mucosa alveolar mandibular.

En etapas avanzadas, estas máculas pueden evolucionar a úlceras endofíticas con bordes indurados o elevados. En algunos casos, se desarrollan como neoformaciones rojizas de aspecto tumoral con superficies ulceradas o granuladas, a veces combinadas con áreas blancas. La eritroplasia también puede clasificarse en formas homogénea y no homogénea. La homogénea se presenta como una mácula roja bien delimitada y lisa, mientras que la no homogénea puede mostrar nódulos, granulaciones blancas o cambios similares a los de la leucoplasia.5
Estudios epidemiológicos han revelado que aproximada- mente el 51% de las eritroplasias homogéneas corresponden a carcinomas invasivos, el 40% a carcinomas in situ y el 9% a displasias moderadas. Esto refuerza la necesidad de estudiar todas las lesiones rojas persistentes. Es fundamental diferenciar la eritroplasia de otras entidades como la candidiasis eritematosa, el liquen plano atrófico, úlceras crónicas de más de 4 semanas, pénfigo, penfigoide o hemangiomas. En el caso de sospecha de candidiasis, puede realizarse una citología exfoliativa. Sin embargo, si la lesión no remite tras 3 semanas de tratamiento, se debe iniciar la ruta diagnóstica correspondiente y derivar al paciente para un estudio especializado.6
Queilitis actínica
La queilitis actínica es una APM localizada en el borde bermellón, especialmente del labio inferior (fig. 3). Se manifiesta como sequedad, opalescencia, lesiones blanquecinas queratósicas combinadas con áreas erosivas o atróficas, por lo general en personas con exposición prolongada a la radiación solar, lo que genera un daño irreversible. El labio inferior es un sitio frecuente de desarrollo de cáncer bucal, que suele presentarse como una úlcera asintomática de evolución lenta durante varios meses. Este tipo de cáncer representa alrededor del 11% de todos los carcinomas de la cavidad bucal.5

• Potencial de malignización de las lesiones
La progresión de los desórdenes potencialmente malignos (DPM) hacia el COCE ha sido reportada en estudios sistemáticos con una media aproximada del 3.5%. Las variables asociadas con mayor riesgo de malignización incluyen género femenino, presencia de lesiones combinadas como eritroleucoplasia, áreas mayores a 200 mm², edad avanzada y grados altos de displasia epitelial.7
Tradicionalmente, se ha descrito que los pacientes con COCE corresponden a varones entre la sexta y octava década de vida, consumidores crónicos de tabaco y alcohol, con mala higiene oral, presentando lesiones ulcerativas, exofíticas e indoloras. No obstante, la pre- sentación clínica del COCE varía según el sitio anatómico afectado, así como por el crecimiento endofítico del tumor o la diseminación perineural, lo cual puede generar dolor incluso en lesiones pequeñas. Es importante destacar que los pacientes jóvenes no deben ser excluidos del diagnóstico diferencial, ya que se han documentado casos de COCE en personas menores de 40 años, especialmente en la lengua. Además, se ha observado un aumento de casos en mujeres jóvenes, sobre todo con afectación de encía o lengua.7,8
En este contexto, el clínico debe realizar una anamnesis detallada y relacionarla cuidadosamente con los hallazgos del examen físico (cuadro 1). Entre estos hallazgos pueden incluirse aumento de volumen, úlceras dolorosas o sangrantes, pérdida dentaria espontánea, parestesias, alteraciones en la movilidad lingual, trismus y linfadenopatía cervical, todos los cuales deben ser evaluados de forma minuciosa. El examen clínico no solo debe limitarse a la inspección visual, sino que también debe incluir la palpación de la región cervical y de las lesiones orales, así como la evaluación funcio- nal de la lengua y la dinámica mandibular.
Si bien no existe evidencia científica de nivel I que relacione directamente el traumatismo crónico de la mucosa oral con el desarrollo de COCE, se ha sugerido que este traumatismo puede actuar como un factor favorecedor debido a la constante inflamación y reparación epitelial. Cuando un tumor se localiza en áreas sometidas a irritación crónica por prótesis o dientes, esto puede agravar su evolución, favorecer su ulceración y crecimiento endofítico, y aumentar la sintomatología, como el dolor.8
| Historia clínica de paciente | Hallazgos del examen físico |
| Relata un aumento de volumen progresivo | Presenta una tumoración, úlcera o nódulo firme a la palpación con o sin cambio de coloración |
| Historia de dolor | Presencia de úlcera sensible al tacto |
| Relato de sangrado espontáneo o asociado con alimentos | Hallazgo clínico de tumoración ulcerada |
| Pérdida de pieza dentaria espontánea o historia de extracción dental | Movilidad dentaria aumentada, ausencia de diente en alvéolo sin cicatrizar |
| Síntomas neurosensitivos: parestesia, motilidad alterada | Fijación de lengua, alteración en movilidad, desviación al protruir |
| Dificultad y/o dolor a la apertura bucal | Trismus y fijación de lengua |
| Aumento de volumen cervical | Linfoadenopatía única o múltiple, de manera visible o a la palpación |
• Conclusión
Las lesiones orales con potencial maligno constituyen un reto significativo para la salud pública, dado que, aunque no todas evolucionan hacia el cáncer, muchas presentan un riesgo considerable de transformación si no se detectan y manejan en forma oportuna. Estas lesiones están estrechamente relacionadas con factores de riesgo como el consumo de tabaco, alcohol y en ciertos casos, la infección por VPH.
La detección precoz resulta crucial, pues permite intervenir de manera eficaz antes de que las lesiones se conviertan en malignas. Es vital que tanto los profesionales de la salud como los pacientes realicen inspecciones periódicas de la mucosa oral. Incrementar la conciencia pública sobre la identificación temprana y el tratamiento oportuno de estas lesiones puede contribuir a disminuir la incidencia del cáncer oral.
Los hábitos nocivos, sobre todo el tabaco y el alcohol, son los principales responsables de la aparición de estas alteraciones. Por ello, promover su reducción o eliminación puede tener un impacto positivo en la prevención del cáncer.
Además, quienes presentan estas lesiones deben mantenerse bajo seguimiento constante, ya que existe la posibilidad de que recurran o progresen hacia malignidad incluso después de recibir tratamiento.
Por todo lo anterior, es esencial que los profesionales de la salud bucal desarrollen competencias clínicas que les permitan realizar una anamnesis completa, un examen físico exhaustivo y una interpretación adecuada de las lesiones orales. Estas habilidades son fundamentales para interrumpir la progresión de las lesiones precursoras, mejorar la tasa de diagnóstico precoz del cáncer oral y, en última instancia, contribuir a la reducción de la mortalidad y morbilidad asociadas con esta enfermedad.
Referencias
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